25/02/09

Rios y planes.




Después de esfumar el infierno, por el túnel oscuro de la privacidad, recordó cual era su principal preocupación, aparte de espantar demonios.
Tenia que escribir, mutar en letras sus desviaciones antisociales, informar al mundo lo peligroso que era acercarse a el y a sus obsesiones malditas como solía llamarlas.
Estas obsesiones eran un torrente sanguíneo oscuro y espeso que lo rodeaba de pies a cabeza, era el rumor de un río calmo, suave, persistente y pegajoso.
Tomó un papel y frenéticamente se despabiló, escribía con ira, con desesperación, con empeño, encontraba siempre las palabras justas para definir lo imposible, lo fantástico, lo apenas real.
Se rodeaba de espectros que acudían en su auxilio, le murmuraban oraciones, frases, relatos, escribía sin cesar, cinco, diez, ochenta hojas, sin parpadear.
Se detenía por unos segundos, cerraba los ojos del cuerpo, abría los del alma y seguía dibujando letras, párrafos que eran libros.
Consiguió un lugar enorme, casi infinito, para amontonar papeles y más papeles, tinta y acentos, comas y puntos apartes sucesivos.
Después de esfumar el infierno, por el túnel oscuro de la privacidad, recordó cual era su principal preocupación, aparte de espantar demonios. Tenía que vivir.